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Imagen del acuerdo nacional convocado por Gustavo Petro durante su campaña presidencial en 2022. Foto: RTVC.

Cinco temas cuya solución no da espera y deben estar en el centro de la agenda del actual gobierno.

El presidente Petro ha mencionado varias veces la necesidad de suscribir un acuerdo nacional por el bien del país, más que para ayudarlo a gobernar. Aunque su actitud y sus formas son con frecuencia pugnaces y groseras, vale la pena ensayar una conversación sobre el acuerdo, asumiendo que en algún momento el tono presidencial será amable y constructivo. Veamos, pues, cómo podría ser un acuerdo nacional. 

Conviene decir que el desarrollo de acuerdos en una sociedad es un gran bien, afirma el profesor George Klosko, experto en el tema. Pero en sociedades pluralistas no es posible abarcar todos los temas de disputa social, por lo que Klosko defiende los acuerdos mínimos con mayor énfasis en los procedimientos. Es muy conveniente también que los acuerdos sean breves, precisos y medibles.

Normalmente se suscriben pactos o acuerdos con adversarios, rivales y/o con aquellos agentes que tienen incidencia en los propósitos que se buscan con estos ententes cordiales. El acuerdo nacional debe ante todo buscar construir un país mejor, resolviendo algunos de los problemas más serios que tenemos como sociedad.

En un intento por aportar a una  discusión amable y ojalá fructífera del contenido mínimo de un acuerdo nacional, se proponen los siguientes temas:

1. Pobreza/crecimiento de la economía: hay que reducir al máximo los niveles de pobreza en el menor tiempo posible. Sin un crecimiento de la economía esto no es posible.

2. Seguridad/violencia: las tasas de homicidios, atracos, secuestros, robos y extorsiones son altísimas. Es urgente trabajar para disminuirlas sustancialmente.

3. Educación/igualdad de oportunidades: es imperativo ofrecer educación de calidad a todas nuestras niñas y niños, haciendo énfasis en la atención integral de la Primera infancia y la comprensión de lectura, cuyos indicadores son muy malos.

4. Tierras: hay que empezar por  entregar en el menor tiempo posible las tres millones de hectáreas pactadas en los Acuerdos de La Habana.

5. Reforma a la justicia: escoger los elementos clave que habría que modificar para que las justicias penal y civil, para empezar, sean prontas y eficaces.

En todos los casos hay que evitar soluciones maximalistas a las que somos tan proclives los colombianos. Para que los acuerdos funcionen hay que aplicar soluciones sencillas que serán factibles si hay voluntad de todas las partes. Importa anotar que este acuerdo se hace con actores que están en la contienda democrática. Los diálogos con las guerrillas y lo que se llegue a pactar con ellas hace parte de otro tipo de acuerdo.

El acuerdo nacional debe ante todo buscar construir un país mejor, resolviendo algunos de los problemas más serios que tenemos como sociedad.

Esta sería la primera fase del acuerdo: pactar los temas. Una vez acordados, viene enseguida la segunda fase que consiste en definir cómo se logran los objetivos, que deben ser precisos y con cronogramas específicos. Al mismo tiempo hay que definir quiénes son los actores involucrados y qué tareas deben ejecutar. A manera de ejemplo: hay evidencias sólidas que demuestran que  la reducción de la pobreza, en un 73 %, se explica por el crecimiento de la economía, de manera que hay que identificar las acciones necesarias para lograr un crecimiento sostenido. En el tablero de control del acuerdo se le haría seguimiento a las acciones correspondientes que al final deberían contar algo así: si crecemos al 5 % en los próximos 6 años la pobreza monetaria se reducirá del 36 % al 24 % ( cifras supuestas). ¿Fácil? ¡No!, pero es posible y sobre todo necesario. Igual para el Primera infancia, debemos pasar –por  ejemplo– de una cobertura del 40 % hoy al 70 % en 6 años. ¿Qué hay que hacer? Quizás aumentar el presupuesto, construir más hogares comunitarios, ya lo dirán las evidencias y los expertos. Con voluntad y compromiso todo es posible, siempre y cuando no perdamos de vista que los acuerdos deben ser precisos, logrables, breves y medibles. 

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