ajonjoli-campesinos

El abrazo de Rodolfo y Gustavo. El proyecto político detrás del fenómeno Petro hasta ahora ha dado señas de apertura y tolerancia.

Un centro y una derecha huérfanos, la esperanza suscitada por la izquierda, y los riesgos de un salto al vacío, la fotografía que evidencia un cambio en la cultura política colombiana.

Una reciente encuesta elaborada por Cifras & Conceptos y el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales –IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia en 13 ciudades colombianas, arroja algunos resultados interesantes para auscultar el país que eligió a Gustavo Petro, el primer líder político de izquierda populista elegido democráticamente. Tres aspectos ofrecen un retrato de la cultura política: el cambio en la identificación ideológica, las emociones políticas que suscitó la segunda vuelta de la campaña presidencial y la salud de la democracia. Me detendré en cada uno de ellos.

La derecha y el centro quedaron huérfanos

Aunque la identificación política de los colombianos ha ido pasando del azul al rosado para utilizar una metáfora cromática, la mayoría se define de centro (47 %). No obstante, paradójicamente, esta opción política naufragó en estas elecciones, pues Sergio Fajardo, su candidato, obtuvo un lánguido 4.2 % en la primera vuelta presidencial, infeliz epílogo de la implosión de la llamada Coalición de Centro Esperanza.

Entretanto, es significativo que un 26 % de encuestados se definan de izquierda cuando en 2018 los porcentajes rondaban el 11 %. La derecha, a su turno, representada en el 27 % de encuestados y tras un poco más de dos décadas en el poder, quedó huérfana de representación en el Palacio de Nariño como consecuencia del declive electoral del uribismo tras 20 años de hegemonía y la rotunda impopularidad con la que termina su mandato Iván Duque. Ambas cosas se reflejaron en que al candidato del Equipo por Colombia, Federico Gutiérrez, no le alcanzó para estar en la segunda vuelta del 29 de junio.

El país está cambiando: hace 4 años, una encuesta similar daba cuenta de que el 40 % de encuestados se identificaban con la derecha del espectro político. Así las cosas, Colombia no escapa a la tendencia de otros países occidentales en los cuales la izquierda está más representada entre los jóvenes –18 a 24 años– (34 %), mientras que la derecha lo está entre los mayores de 65 años (43 %).

Esperanza: la emoción que suscitó la promesa de cambio

Después de la primera vuelta del 29 de mayo, la preocupación (44 %), la esperanza (32 %) y la desconfianza (25 %) fueron las emociones dominantes frente al proceso electoral. Desagregado por sectores políticos, hubo mayoritariamente esperanza en la izquierda (42 %) y preocupación en el centro (46 %) y la derecha (45 %). Es difícil interpretar en qué consiste esta preocupación, más aún si se tiene en cuenta que esta tiene un contenido más cognitivo que emotivo. Y si se advierte que muy cerca estuvieron la desconfianza (54 %), la decepción (27 %) y el miedo (20 %), se aclara un poco más el contenido de la misma, que bien podría equipararse con el pesimismo.

Por el contrario, más intuitiva parece ser la lectura de la esperanza en la izquierda: en la primera vuelta presidencial este sector obtuvo la votación más alta en su historia (40 %), y los eslóganes de la campaña se caracterizaron por promesas de cambio y frases grandilocuentes como convertir a Colombia en “potencia mundial de la vida”, “descarbonizar la economía”, hacer un “capitalismo popular” y eslóganes con un alto contenido emotivo como el anuncio de “vivir sabroso” de Francia Márquez, la fórmula vicepresidencial del candidato ganador. La historia, lo sabemos bien, enseña que la izquierda sabe cómo ilusionar al electorado, mientras que la derecha se siente cómoda anunciando apocalipsis.

En contraste, un eventual gobierno de Rodolfo Hernández era visto como un auténtico salto al vacío. Así lo confirman las emociones que generó después de la primera vuelta: preocupación (31 %), desconfianza (29 %) y miedo (21 %). Petro, por su parte, respaldado por una creciente militancia a su movimiento Pacto Histórico, con el que se identificó el 25 % de encuestados –cifra inusual en el atomizado contexto partidista colombiano– producía emociones con otro registro: esperanza (36 %) y confianza (26 %) las más fuertes, pero también desconfianza (22 %), una prueba más de la resistencia que produce.

La rabia, por su parte, de la que se habló tanto como causa y consecuencia de las protestas de 2019-2021, fue una emoción marginal: 11 % en el caso del ingeniero outsider, 6 % en el caso del exguerrillero desmovilizado. No obstante, el 54 % reconocía que el Paro Nacional influyó mucho o algo en su voto, con lo cual, se confirma lo que se sugerí en otro lugar tras las parlamentarias del 13 de marzo: que los cambios en Colombia había que leerlos como el tránsito de la calle a las urnas.

Un eventual gobierno de Rodolfo Hernández era visto como un auténtico salto al vacío. Así lo confirman las emociones que generó después de la primera vuelta: preocupación (31 %), desconfianza (29 %) y miedo (21 %).

Una democracia en período de prueba

Finalmente, se habló mucho en la campaña de la salud de la democracia y de los riesgos que enfrentaba, especialmente cuando en la primera vuelta se decantó por dos líderes populistas para su recta final. A propósito de esto, el 79 % consideraba que es muy importante vivir en un país gobernado democráticamente, una cifra que sitúa la satisfacción con la democracia criolla muy por encima del 43 % de apoyo y el 17 % de satisfacción con la democracia que le asignó el Latinobarómetro de 2021. Asimismo, el 73 % declaró que aceptaría el resultado de las elecciones si ganara el candidato contrario a sus preferencias.

Sin embargo, un 30 % consideraba que el Presidente no tiene que hacerle caso al Congreso o a los tribunales para cumplir sus promesas de campaña –seña distintiva de un electorado populista– y el 40 % creía que había habido fraude en la primera vuelta presidencial. Dicho de otro modo, una tercera parte de los encuestados consideraba que gobernar es un cheque en blanco girado al líder de turno y tras la primera vuelta, casi la mitad descreía de los resultados de la institución electoral.

Así las cosas, cuando el 7 de agosto asuma la presidencia el primer gobernante de izquierda en nuestra historia republicana se pondrá a prueba la cultura política de una de las democracias más estables de la región. Y si el gran acuerdo nacional anunciado termina teniendo más de reparto burocrático que de reconciliación, empezaremos a extrañar los contrapesos institucionales y las voces críticas de la sociedad.

Iván Garzón Vallejo

Profesor investigador senior, Universidad Autónoma de Chile. Su más reciente libro es: El pasado entrometido. La memoria histórica como campo de batalla (Crítica, 2022). @igarzonvallejo