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Las actrices Maribel Abello e Isabel Gómez Girón interpretan a Meira Delmar en la obra que se estrena este miércoles en La Cueva.

Escrita, dirigida, e interpretada por la actriz Maribel Abello, “Yo, Meira Delmar, a nadie doy mi soledad”, retrata la vida y obra de la poetisa barranquillera.

–Omaira… Maira… Meira… ¡Meira!

Olga Isabel Chams Eljach, una adolescente que vive con sus padres y sus dos hermanos en una casa casi campestre en el barrio Las Delicias de Barranquilla, pero que ya habita a solas en el mágico espacio del lirismo, busca un pseudónimo –y lo halla– con que firmar sus poemas de amor, que va a enviar a la famosa revista cubana Vanidades. Es un recurso necesario: su padre, que es algo estricto, no puede enterarse de que su hija es la autora de esos versos; tampoco quiere que sus compañeras de colegio lo sepan.

Ésta es una de las escenas que vemos en la obra de teatro Yo, Meira Delmar, a nadie doy mi soledad, escrita y dirigida por Maribel Abello, quien también interpreta a la gran poetisa (un término que esta misma defendía), compartiendo las tablas con la actriz Isabella Gómez Girón, quien caracteriza a la Meira más joven y menos conocida.

El escenario conforma un tríptico: a la izquierda, se representa la estación de radio (La Voz de la Víctor) en que Meira leyó por primera vez sus poemas al público y donde se decidió la publicación de su primer libro, Alba de olvido (1942), por la entusiasta inciativa de Ignacio Reyes Posada, quien escribió el prólogo, y de Rafael Salcedo Villarreal, que lo editó; en el centro, la casa paterna de sus años juveniles; y a la derecha, el Líbano, el país de sus padres.

La pieza, que se presentará por primera vez al público el miércoles 23 de marzo a las 6:30 p.m. en el XVI Carnaval Internacional de las Artes, que organiza la Fundación La Cueva, reúne también el talento de un equipo de artistas de múltiples disciplinas: así, Magola Moreno creó el video de collages animados que se exhiben al comienzo de la obra; Daniela Franco, las dos telas estampadas que presiden la escenografía; Alonso Villa, la música de inspiración árabe, y José Martínez –quien igualmente asiste la dirección–, la percusión caribe y los efectos de sonido. Mauricio Martínez es otro de los asistentes de dirección.

Maribel Abello, reconocida figura de la televisión colombiana, entrevistó a Meira una tarde de 1998 en su casa del barrio Bellavista. Al material obtenido le dio la forma de un monólogo en que la autora de siete reconocidos libros de poesía cuenta su vida. En 2020 lo publicó en su libro Hasta ahora te creo, que incluye testimonios de otras nueve mujeres colombianas del siglo XX. El año pasado, Abello adaptó ese texto sobre Meira –titulado “El gran impuesto de la poesía”– para esta puesta en escena, y contó con el apoyo de la Fundación La Cueva, cuya directora ejecutiva, Carolina Ethel Martínez, decidió producir el proyecto.

Yo, Meira Delmar, a nadie doy mi soledad recrea los primeros cuarenta años de la vida de la escritora. No lo hace en un orden cronológico, sino yendo y viniendo libremente a lo largo del tiempo de los hechos, entretejiéndolos con varios de sus poemas. Asimismo, se retrotrae al momento de la llegada de sus padres a Colombia. El telón cae después que se oye la hermosa estrofa final de “Huésped sin sombra”.

 

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Imagen promocional de la obra teatral.

Maribel Abello, reconocida figura de la televisión colombiana, entrevistó a Meira una tarde de 1998 en su casa del barrio Bellavista. Al material obtenido le dio la forma de un monólogo en que la autora de siete reconocidos libros de poesía cuenta su vida. En 2020 lo publicó en su libro «Hasta ahora te creo».

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Carolina Ethel, directora de la Fundación La Cueva, en compañía de Maribel Abello e Isabel Gómez.

Los espectadores pueden ver a la Meira adulta (Maribel Abello) cantar a cappella y bailar canciones que estuvieron de moda por los años 30, 40 y 50 del siglo XX, y que eran del gusto de la poetisa: “María la O”, de Ernesto Lecuona; “Summertime”, de George Gershwin; “Cheek to Cheek”, de Irving Berlin; “Quizás, quizás, quizás”, de Osvaldo Farrés, y “Te olvidé”, de Antonio María Peñaloza. Ellas marcan la época en que Meira asistía a los cocteles bailables animados por la Emisora Atlántico Jazz Band, dirigida por Guido Perla.

Pero la obra también contiene episodios amargos, como la discriminación que la familia de Meira sufrió al llegar a Colombia y la que ella y toda la comunidad árabe experimentaron en 1945, cuando, con motivo de la candidatura de Gabriel Turbay a la Presidencia de la República, hubo una oleada de odio contra los inmigrantes del Cercano Oriente, que se manifestó en grafitis que proclamaban: “¡Turcos no!”.

Asimismo, muestra la vida literaria que Meira promovió en su casa del barrio El Prado, convertida en un salón de tertulias cuyos invitados habituales eran Bernardo Restrepo Maya, Javier Arango Ferrer, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y Gabriel García Márquez, entre otros, a quienes ella atendía… ¡con helados y confites! Este pasaje resalta el enorme valor que ella le confería a la amistad.

Maribel Abello nos propone la existencia de dos Meiras: la suave, comedida y modosa conocida por todos, y otra que encarna su voz y su faceta más íntimas: una Meira soñadora, empeñada en su búsqueda creativa, y al mismo tiempo insumisa, sarcástica, que se opone a la discriminación contra la mujer y a la xenofobia. A la postre, sin embargo, las dos se concilian: “Finalmente, las dos somos el pasado”, se dicen la una a la otra.

Joaquín Mattos Omar

Santa Marta, Colombia, 1960. Escritor y periodista. En 2010 obtuvo el Premio Simón Bolívar en la categoría de  “Mejor artículo cultural de prensa”. Ha publicado las colecciones de poemas Noticia de un hombre (1988), De esta vida nuestra (1998) y Los escombros de los sueños (2011). Su último libro se titula Las viejas heridas y otros poemas (2019).