
Ante un expectante público, el exministro de las culturas Juan David Correa habló de política, cultura y el oficio editorial. Foto: Fundación La Cueva.
Juan David Correa: “Había que matar a García Márquez, imagínate el absurdo del neoliberalismo”
En la sección inaugural del XIX Carnaval de las Artes, el editor y exministro de Cultura recordó el legado de Heriberto Fiorillo y reflexionó sobre la edición y la necesidad de un país con más medios culturales.
Es una mañana fresca de febrero; precarnaval. Al fondo y a un costado del escenario, destacan el verde profundo de las pinturas de Noé León y el piano de cola del restaurante bar La Cueva. En la sala repleta, el público asistente a la sesión inaugural del XIX Carnaval de las Artes. Juan David Correa, editor, escritor, periodista y ahora exministro de Cultura, concede en el evento una de las tantas entrevistas que ha dado desde que dejó el gabinete de la presidencia de Gustavo Petro tras un televisado consejo de ministros. Un año y medio permaneció en ese cargo, al que —no es exagerado decirlo— le cambió el semblante. Con Correa, y antes con Patricia Ariza, Petro puso fin a la costumbre de designar a tecnócratas en lugar de gestores culturales a la cabeza de la cartera que acaso demanda mayor sensibilidad y amplitud.
En Barranquilla deja una marca, como lo destacó un funcionario del distrito al final de su charla con el periodista David Lara Ramos: la autorización para la intervención del Teatro Amira de la Rosa (clausurado hace diez años), la Feria Internacional del Libro de Barranquilla, Atlántico y el Caribe (que dejó atrás a Libraq), y un memorándum de acuerdo en el que todavía se trabaja y que institucionaliza la museología y museografía del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, cuyas obras llevan varios años de parón y retraso. Por supuesto, ha recibido críticas, pero Correa —lo que debería ser la norma— se muestra receptivo al diálogo, y aclara que Petro “no es corrupto” y que no ha habido en Colombia un gobierno con tanta oposición en los medios.
La Cueva y el Carnaval de las Artes son de los espacios y eventos culturales más notables de Barranquilla. La muerte de Heriberto Fiorillo, creador de la Fundación La Cueva, es palpable para el público tradicional del evento, que cree ver su sombra por los pasillos del restaurante bar patrimonial. Pero la existencia del Carnaval de las Artes ha contribuido a cuestionar en la ciudad la idea de que el gozo y el espectáculo, la reflexión y la fiesta son incompatibles. En otros años, el evento tuvo varios escenarios, entre ellos el Teatro Amira de la Rosa, a donde se animaba a entrar disfrazado. Hoy la invitación es la misma, con una programación enfocada en lo local que transcurre íntegramente en La Cueva y su cuadra carnavalera en el barrio El Recreo.
Correa recordó la figura de Fiorillo, su paso por la televisión nacional y por la época dorada de la revista Cromos; y su libro Arde Raúl, sobre Raúl Gómez Jattin, “la mejor biografía que se ha hecho” sobre el poeta cartagenero. Habló de su infancia, marcada por el Caribe en una casa con padre editor y madre lectora: “Mi vida y mi educación sentimental estuvieron atravesadas por una sensibilidad muy diversa, una sensibilidad que evidentemente no es pedagógica en un sentido formal, es una sensibilidad cotidiana a través de la música, los amigos. No pasaba desapercibido ver a un amigo como Raúl en la casa, era un hombre enorme, con un vozarrón enorme, que llegaba a recitar los poemas a las 5 de la mañana y nos despertaba a todos, se hacía en un chinchorro y venía con sandalias tres puntadas”. Con los miembros del Grupo de Barranquilla mirando desde las fotografías, resaltó de La Cueva que perviva “la comunidad alrededor de un lugar, un lugar de reunión en donde acontecieron muchas cosas, unas míticas, otras inventadas, otras fantasiosas, otras verdaderas”.
Paralelo al país narrado en programas documentales como Yuruparí y Travesías, el de las crónicas de Germán Castro Caycedo, mencionó al país del “neoliberalismo”, que “fue una operación cultural muy profunda y dolorosa”, que proclamaba el olvido del país con el lema “nos toca ser del mundo, nos toca borrar eso que creemos atrasado, campesino, bárbaro”. Recordó a los antiguos pensadores que sostenían que “en el Caribe no se podía pensar, que estos eran territorios demasiado duros climáticamente para que aquí pudiera florecer el pensamiento. Y así creció esta nación, lo que se llama por su modelo la nación del fracaso, una nación imaginada solo desde los centros de poder”.
En el colmo de esa nación acomplejada, a mediados de los años noventa “lo moderno era ser parte del mundo y no ser parte de ese país; no era mirar con curiosidad la literatura que se había escrito aquí; había que matar a García Márquez, imagínate el absurdo al que llegó el neoliberalismo”, dice Correa.

Juan David Correa y David Lara Ramos, su entrevistador en el conversatorio que dio apertura del Carnaval de las Artes. Foto: El Heraldo.
La convicción de Correa era y es que “Colombia necesita medios culturales”. En el mundo editorial más corporativo suele decirse que un editor es aquel que “sabe decir que no”. Correa asumió que un editor era quien sabía decir que sí.
Editar, una conversación colectiva
Tal vez es en la perspectiva sobre la edición donde la mirada de Correa se despliega mejor. Trabajó en revistas, cofundó una pequeña editorial, dirigió una editorial grande —que dejó por la censura al libro de la periodista Laura Ardila a punto de imprimirse sobre el clan Char— y también construyó un proyecto editorial dentro del Ministerio, que ya ha publicado tres ediciones de Gaceta. Su convicción era y es que “Colombia necesita medios culturales”. En el mundo editorial más corporativo suele decirse que un editor es aquel que “sabe decir que no”. Correa asumió que un editor era quien sabía decir que sí. “Hay que abrirse con curiosidad otra vez a este país y organizar creativamente un catálogo en donde la conversación que yo quiero tener conmigo mismo como lector se la pueda proponer a otros”.
Dijo que ni un editor ni un gestor pueden guiarse solo a través de sus afectos. “Y eso requiere un examen moral juicioso”. Como editor, parte de ese examen implicaba que terceros lectores le entregaran informes de lectura y conversaciones sobre otros libros. “Un editor es alguien que tiene que poder ayudar a alguien, a ese otro que titubeantemente entrega algo que ha intentado hacer pero que no está terminado. Porque si estuviera terminado, no necesitaría un editor. Podría ir a una imprenta a imprimirlo y decir, ya está, porque ya está completo. Pero no, necesita que alguien lo complete”. Agregó que “construir libros así es maravilloso porque se vuelve entonces una creación colectiva, un desafío, se vuelve asistir al nacimiento de una posibilidad literaria, ya no sólo desde algo que se supone que se terminó sino de algo que podemos hacer juntos”.
“Por eso cada vez creo menos en el solipsismo y en el aislamiento de las artes. Por supuesto, hay un silencio, hay un momento en donde el creador tiene que estar consigo mismo. Pero una vez decide interpelar a otros, tiene que estar dispuesto a la conversación, y la conversación produce una nueva cosa que se llama libro, en el caso de los editores”, dijo Correa.
Kirvin Larios
Periodista y escritor. Es autor del libro de relatos Por eso yo me quedo en mi casa (Destiempo, 2018). Textos suyos han sido publicados en la antología de poesía Nuevo sentimentario (Luna Libros, 2019), en el Diario de la pandemia (Revista Unam, 2020) y en la antología de cuento Puñalada trapera II (Rey Naranjo, 2022). Trabajó como reportero en las redacciones de El Heraldo, Infobae y El Colombiano. En 2023 ganó el Tercer Concurso de Crítica Literaria de la revista mexicana Letras Libres. Obtuvo el Premio Nacional Xilopalo 2024 en la categoría entrevista. Actualmente es coordinador editorial en la Fundación Gabo.
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