
Ilustración. Revista Generación de El Colombiano.
¿Qué caracteriza a un gobierno autoritario?, ¿cuáles son sus tácticas? Guía de bolsillo para estar siempre pilas con nuestras libertades.
Quizá unas de las tendencias más preocupantes de hoy es el aumento de los gobiernos autoritarios, los cuales causan un retroceso de la democracia en el mundo. Según el informe de Freedom House de 2024, Libertades en el mundo, esta tendencia ya cumple dos décadas y registra un incremento en el número de países que presentan una disminución en sus libertades. El aumento de gobiernos autoritarios, nacionalistas, o populistas (o una combinación de estos tres modelos) preocupa porque menoscaban las libertades y la democracia para su supervivencia.
¿Pero qué caracteriza a un gobierno autoritario? ¿Cuáles son sus tácticas? Una manera de defender nuestras instituciones democráticas tanto colectivamente como individualmente es identificar con claridad estos aspectos. Exponiendo sus mecanismos se pueden generar mejores respuestas a la amenaza que representan los autoritarios.
A partir de la lectura de autores como Yuval Noah Harari, Ian Dunt y otros, proponemos el siguiente listado de características comunes, al menos parcialmente, para describir a los gobiernos autoritarios, nacionalistas o de corte populista.
1. El líder se presenta con un aura de infalibilidad que le da la legitimidad de decir “solo yo puedo resolver esto”, convirtiendo su proyecto político en un proyecto personal.
2. Niegan nuestra existencia como individuos y nos describen y entienden como subsumidos dentro del proyecto político autoritario. El proyecto político prevalece sobre el individuo, y este debe sacrificarse en aras de la “causa mayor”. De esta manera erosionan nuestros derechos individuales y libertades. Esta “causa” (o narrativa) siempre tiene un nombre, tal como “La Revolución cubana” de Fidel Castro, el “Estado Soviético” de Stalin, o el Lebensraum (el espacio vital, ideología del nazismo) profesado por Hitler.
3. Propagan la falacia de que el país se compone del “pueblo” y la “elite”. Y que ellos representan al pueblo y la elite es el enemigo. Pero la realidad es que nuestra diversidad no puede ser descrita de forma binaria, ni es cierto que seamos enemigos. Estrictamente, ni el pueblo ni la elite existen. Son conceptos difusos que para explicarse requieren mayor elaboración.
4. Propagan la noción falsa de que el mundo (y los países) no son complejos y que los problemas son sencillos y, por ende, de rápida solución. Los autoritarios presentan las soluciones como algo obvio y de fácil implementación. Pero el mundo actual es muy complejo y el quehacer político es la escogencia entre opciones imperfectas.
5. Erosionan las normas e instituciones democráticas. Cuestionan las elecciones o las autoridades electorales, o desacreditan las otras ramas de poder público simplemente porque ejercen su autonomía constitucional. De esta manera debilitan o desaparecen los pesos y contrapesos que son pilar de nuestra arquitectura democrática.
6. Propagan la falacia que las instituciones son el problema y que además están ahí para oprimir “al pueblo”, justificando así su debilitamiento o desaparición. No podemos olvidar que las instituciones no son más que un grupo de personas que siguen unas reglas y procedimientos, y por este mecanismo ofrecen predictibilidad y estabilidad a nuestra democracia, así como en la provisión de bienes y servicios públicos. Esas reglas, por construcción constitucional, están por fuera del control del líder autoritario y por eso siempre este buscará debilitarlas o dominarlas.
7. Suprimen la diferencia. Opiniones diferentes son atacadas, desacreditadas o censuradas. La libertad de expresión sufre.
8. Identifican, señalan y demonizan al “otro”. El “otro”, el que es diferente por raza, nacionalidad o cualquier otra categoría, es el origen de los problemas, por ende, representa al enemigo y debe desaparecer.
9. Mienten sin límite, convirtiendo la verdad en algo irrelevante. Implícitamente están propagando la noción falsa de que no hay un concepto de la verdad; que los hechos reales y objetivos no existen. Mienten no por mentir, sino para crear dudas acerca de todo, desacreditando ciencia, razón y verdad. La intención expresa de varios lideres autoritarios es desaparecer la verdad en medio muchas mentiras. Estas falacias suscitan emociones como la rabia, el odio y el miedo. Una manera de identificar este tipo de mentiras es reconocer qué emoción nos produce leer algo que recibimos por las redes sociales. Sentimientos de rabia, odio o miedo, esconden el objetivo de provocar nuestra emotividad y no el de informarnos de manera veraz.
El líder autoritario difunde la falacia de que el país se compone del “pueblo” y la “elite”. Y que ellos representan al pueblo y la elite es el enemigo. Pero la realidad es que nuestra diversidad no puede ser descrita de forma binaria, ni es cierto que seamos enemigos.
La democracia podría definirse como una forma de gobierno basada en libertades personales, políticas y económicas. Si bien empezó a propagarse hace más de dos siglos en su forma moderna, su mayor reto lo vivió en la primera mitad del siglo XX con las dos guerras mundiales. En la Primera Guerra Mundial las principales monarquías europeas (alemana, Austria-Hungría, y Otomana) atacaron a naciones democráticas, lo que llevó a su desaparición, junto con la de los zares rusos. En la Segunda Guerra Mundial los proyectos autoritarios fascistas y nacionalistas de Hitler y del primer ministro Japones Hideki Tojo atacaron nuevamente a países democráticos, pero estos prevalecieron.
La democracia nos ha ofrecido el mayor progreso económico en toda la historia de la humanidad y el mejor balance entre nuestras libertades individuales y nuestras obligaciones colectivas. Libertades personales, oportunidades económicas, así como predictibilidad y estabilidad, son algunas de las garantías de un sistema democrático. Por eso no podemos dejarnos llevar por el pesimismo. El concepto de la democracia sigue siendo vibrante y fuerte en muchos países del mundo y ofrece una reserva de fuerza moral para prevalecer ante nuevas amenazas ideológicas.

Alfredo Rodriguez Gonzalez-Rubio
Ingeniero Industrial, Universidad de los Andes. Magistrante en Historia. Consultor Financiero Internacional, Washington D.C.
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