
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, anunció en días pasados la creación de un grupo especial o guardianes del orden que monitorearía en las calles la seguridad de la capital del país. Foto: Red +.
La capital del país debería tener en cuenta ejemplos como el de Cali, una ciudad que tuvo un estallido social en 2021 y al sector de Siloé no tuvieron que llevar más represión sino gestores culturales que han construido, a través del arte, proyectos de vida para sus jóvenes.
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, preocupado por el débil manejo que ha tenido la criminalidad y seguridad en su ciudad, está promoviendo la bukeliana iniciativa de organizar un grupo de civiles desarmados que contribuirán a establecer la convivencia en la ciudad llamados Guardianes del orden. A simple vista, pareciera que esta iniciativa no representa ninguna amenaza a la democracia. Sin embargo, la historia nos ha mostrado buenos ejemplos que cuerpos de paz paralelos a la fuerza pública suelen incurrir en abusos de poder, máxime en países como Colombia, donde ha hecho carrera la asunción de que las movilizaciones sociales y las protestas son una amenaza para el orden. Ya desde los años veinte del siglo pasado se construyeron barrios obreros para vigilar a la población, se expulsaron del país a líderes sindicalistas por considerarlos un peligro para la sociedad y se miraba con sospecha a María Cano e Ignacio Torres Giraldo por subvertir el orden. Incluso, se les prohibió dar discursos.
Partidarios de Galán como el concejal ultraderechista Julián Uscátegui, dada su experiencia, abanderan la propuesta de que expolicías y militares retirados hagan parte de este esquema de seguridad, como si no existiera ya una fuerza pública para tal fin. Recordemos cómo Diego Molano, en calidad de ministro de Defensa del gobierno de Iván Duque, propuso la pintoresca iniciativa de construir un protestódromo para esconder a los “ciudadanos desadaptados y molestos” que no estudian ni trabajan y “se la pasan marchando”.
Miremos varios ejemplos de Guardianes del orden semejantes a la singular iniciativa del alcalde capitalino: durante la Guerra Fría (año 1960) el gobierno de Cuba creó los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), un cuerpo de inteligencia para vigilar a la población que pudiera “representar un peligro para la supervivencia del régimen”, el cual después se convertiría en una eterna dictadura. Se les denominó también los ojos de la revolución pues a la larga su objetivo era y sigue siendo el de espiar a la población para mantener el orden y estabilidad de la revolución. En Venezuela surgieron en 2008 los Colectivos chavistas, guardianes del orden conformados por grupos de civiles fanáticos que defienden incluso con las armas a su régimen autoritario y reprimen o atacan a la población en las manifestaciones de protesta. Según su discurso, ellos son los anillos de seguridad del pueblo.
La elección del nombre Guardianes del orden no resulta inocente, “pues suena a autoridad, a control, a vigilancia, a represión, incluso a una figura moral ligada a ciertos valores y se corre el riesgo de fomentar una ciudad vigilante”, afirma la columnista Catalina Gil.
Alcalde Galán, en Colombia ya tuvimos suficiente con las Convivir y el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, “guardianes del orden” que violaron sistemáticamente los Derechos Humanos con incalculables y dolorosas consecuencias. Además, en vez de soluciones tan simplistas, Bogotá debería más bien mirar ejemplos como el de Cali, una ciudad que tuvo un estallido social en 2021 y al sector de Siloé no tuvieron que llevar más represión sino gestores culturales que han construido, a través del arte, proyectos de vida para sus jóvenes. El corredor Comuna 20 de Cali es buen ejemplo de transformación y esperanza.
Coincidimos con la columnista Catalina Gil en que la elección del nombre Guardianes del orden no resulta inocente, “pues suena a autoridad, a control, a vigilancia, a represión, incluso a una figura moral ligada a ciertos valores y se corre el riesgo de fomentar una ciudad vigilante, donde predomine la desconfianza”. Añade Gil: “no está claro aún ¿quién será el jefe de estos guardianes?, ¿quién los vigila en caso de abuso de funciones?, ¿cómo se invisten de autoridad?, ¿quién los va a formar?, ¿qué perfil se está buscando?”. (El País de España, marzo 23 de 2025).
Ya Colombia padeció también los rigores de la Seguridad Democrática con civiles informantes –guardianes del orden- que a cambio de recompensas en dinero señalaban a cualquier persona como guerrillera. También de las chuzadas para interceptar a opositores y de los mal llamados falsos positivos. A cambio de recompensas y condecoraciones, militares asesinaron a miles de jóvenes inocentes. En el dilema de cañones o mantequilla, señor Galán, lo más sensato sería invertir en lo social y menos en la guerra, la cual trae más violencia.
Adenda: ¿no habrá un buen técnico de fútbol que le indique a Néstor Lorenzo cómo ganar partidos? 4 puntos de 18 posibles resultan una verdadera catástrofe.

Roberto González Arana
Ph.D en Historia del Instituto de Historia Universal, Academia de Ciencias de Rusia. Profesor Titular del Departamento de Historia y Ciencias Sociales, Universidad del Norte.
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