Margarita Garcia

Marimontrans (in Memoriam), obra del artista Ciel Incarnadine. 2023.

¿Tiene la marimonda del Carnaval barranquillero origen en las culturas precolombinas? La autora de este texto aventura una posible respuesta.

El vacío, como un espacio listo para ser llenado con nuevas ideas, me recuerda el concepto de “rastro” de Édouard Glissant y la “huella” de Jacques Derrida. Antes de definir el ser como presencia, es necesario pensarlo como huella. En palabras de Derrida, en el libro La escritura y la diferencia: Hay que pensar la vida como huella antes de determinar el ser como presencia. Esa es la única condición para poder decir que la vida es la muerte, que la repetición y el más allá del principio del placer son originarios, y congénitos de aquello que precisamente transgreden”. (Derrida, 2012, p. 280)

Esta reflexión nos permite entender la memoria como un conjunto de rastros que emergen, desaparecen y se transforman en el imaginario colectivo. No se trata de revelar un inconsciente reprimido, sino de observar cómo ciertas intensidades resurgen y se manifiestan en nuevas formas.

En el Caribe colombiano, la memoria se construye a partir de conceptos creados por su gente, basados en huellas y recuerdos olvidados. Muchos de estos elementos inspiraron la obra de Gabriel García Márquez y otras expresiones culturales de la región. Dentro de esta dinámica, el Carnaval de Barranquilla es un espacio donde los rastros del pasado se presentan en formas híbridas, como ocurre con la marimonda. Este disfraz, caracterizado por una larga nariz, ojos redondos y orejas grandes –una mezcla entre elefante y primate– es una figura central del carnaval.

La marimonda: un rastro de la memoria

Originalmente, la marimonda era una burla a las clases altas. Se dice que su origen remonta a máscaras creadas en tiempos de la esclavitud, en un acto de resistencia y transgresión. Con el tiempo, este disfraz adquirió una identidad propia: una expresión del “mamador de gallo” costeño, que juega con lo absurdo y lo irreverente. En el carnaval, la marimonda se baila al ritmo del porro y el fandango, y el grupo que la representa –las Marimondas del Barrio Abajo–, se ha convertido en un ícono de la festividad.

El personaje tiene una fuerte connotación masculina, lo que se refuerza en el uso del término monda”, palabra que hace referencia al órgano sexual masculino. Sin embargo, esta interpretación lineal podría ser cuestionada si consideramos ciertos vestigios arqueológicos hallados en la región. Algunas figurinas femeninas de cerámica, elaboradas por los antiguos habitantes del Caribe colombiano, presentan formas similares a la marimonda: nariz prominente, ojos redondos y rasgos exagerados. Estas figurinas pertenecen al periodo formativo medio (300 a.C. – 1500) y aparecen en la costa Caribe en el Atlántico. Parte del grupo malibú, el cual se dividía a su vez, de acuerdo a su ubicación, en: grupo mokaná, en el delta del río Magdalena y regiones cercanas; Grupo malibú, en la isla de Mompox; Grupo pocabuy, en las lagunas de la depresión Momposina. Las estatuillas que ilustran este texto aparecen en Juan Mina, Atlántico, en el año 2020, durante la construcción de la carretera de la Circunvalar de la Prosperidad. 

¿Una huella femenina en un ícono?

Si estas figurinas precolombinas comparten características con la marimonda, ¿podría tratarse de un rastro de la memoria femenina que pervive en el imaginario colectivo del Carnaval de Barranquilla? ¿Es posible que lo que hoy se considera un símbolo de masculinidad tenga orígenes en una representación ancestral de lo femenino?

Estas figuras, de entre 8 y 20 cm de altura, fueron utilizadas en rituales y prácticas de sanación. Muchas aparecen fragmentadas –sin una mano, pierna o parte del cuerpo–, lo que sugiere que los chamanes o las chamanas las empleaban para representar dolencias y procesos curativos. Su repetida aparición en los yacimientos arqueológicos indica que formaban parte esencial de las comunidades ancestrales del Atlántico colombiano, las cuales, según diversos cronistas, tenían una estructura matriarcal.

Si aceptamos esta posibilidad, la marimonda no solo sería un disfraz de Carnaval, sino también un vestigio de una memoria femenina oculta bajo una apariencia masculina. Artistas han comenzado a representarla como mujer, abriendo nuevas interpretaciones sobre su significado.

Figuras de barro precolombinas halladas cerca a Juan Mina, ¿posible origen temprano de las marimondas contemporáneas? Archivo fotográfico, colección arqueológica Museo de Antropología de la Universidad del Atlantico.

Si la marimonda tiene una conexión con las figurinas precolombinas, su significado podría ser mucho más profundo de lo que se ha considerado hasta ahora. Quizás no sea simplemente un disfraz masculino, sino un eco de una memoria femenina que pervive en el Carnaval de Barranquilla.

Sincretismo, hibridismo y la transgresión de género

El Carnaval es un espacio de inversión de roles y juego con la identidad. En muchas de sus danzas tradicionales, los hombres se disfrazan de mujeres, pero sin perder su masculinidad. En algunos grupos, incluso, no se permite la participación de personas LGBT+, lo que sugiere que la burla hacia lo femenino no siempre implica una aceptación de la diversidad de género.

Aquí es donde el concepto de hibridismo de Homi Bhabha cobra sentido. A diferencia del sincretismo, que combina elementos de distintas culturas en una síntesis armónica, el hibridismo es un acto de resistencia: una práctica impuesta que se subvierte desde dentro. En este caso, la marimonda podría ser una transgresión oculta, un disfraz que desafía las nociones rígidas de género y poder.

Dentro de este contexto, otras danzas del carnaval también plantean interrogantes similares: el Torito, el Congo Grande, las Farotas, las Pilanderas y el Caimán Cienaguero. Una de las más intrigantes es la Mojiganga, danza del municipio de Chorrera, en el Atlántico, en la que las mujeres se visten tanto de hombres como de mujeres, jugando con la dualidad y la ambigüedad.

Memoria y archivo: lo que se oculta y resurge

La memoria colectiva no es lineal ni fija; se construye a partir de rastros que aparecen y desaparecen. Michel Foucault nos recuerda que la historia no es solo lo que se ha registrado, sino también lo que ha sido silenciado. En este sentido, la arqueología y oralidad son herramientas esenciales para recuperar narrativas borradas.

Si la marimonda tiene una conexión con las figurinas precolombinas, su significado podría ser mucho más profundo de lo que se ha considerado hasta ahora. Quizás no sea simplemente un disfraz masculino, sino un eco de una memoria femenina que pervive en el Carnaval de Barranquilla.

La oralidad y la memoria son claves para reescribir nuestra historia desde nuestro propio sentir. No debemos limitarnos a una única interpretación, sino abrirnos a múltiples significados. El concepto de rastro nos ofrece una mirada distinta: un espacio en el que todos los sentidos, saberes y memorias son posibles para encontrar la maravilla de nuestros orígenes.

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Clara Valencia

Filosofa y diseñadora barranquillera. Instagram: @claravalencia_arte

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