Margarita Garcia

Eva Valiño, Diana Sagrista, Alejandro Castillo y Antonio Dalmasso ganaron el Goya al mejor sonido por su trabajo en el filme “Segundo premio”, en la 39 edición de los Premios Goya de la Academia de Cine celebrada en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada. Foto: El Heraldo. 

Entrevista casi instantánea con el sonidista barranquillero galardonado con un premio Goya por el filme español Segundo premio.

Los premios internacionales permiten conocer a artistas talentosos que muchas veces migran a mejores escenarios para desarrollar sus talentos. El cineasta barranquillero Alejandro Castillo Pacheco es uno de esos creadores que están llevando el nombre de Colombia a escenarios de talla mundial. Recientemente Alejandro ganó el premio Goya a mejor sonido por la película Segundo premio, drama musical estrenado en 2024 que narra la historia de una agrupación de rock independiente en la Granada (España) de los años 90. 

Contexto conversó con el sonidista costeño nacido y criado en el barrio La Victoria, y quien tiene en su haber más de 100 películas y dos premios Goya. Desde Barcelona, donde vive hace más de dos décadas, relató detalles de su oficio y la galardonada coproducción ibero francesa.

John Better: ¿Cómo llegas al Séptimo arte?, ¿cuáles fueron tus primeros acercamientos al mundo del cine? 

Alejandro Castillo: Hijo de padre periodista y madre guerrera, el magnetófono y el micrófono estaban por casa, así que aprendí a leer muy rápido para saber que decía el botón rojo de su radio cassette grabador. Hice mis primeras pruebas sonoras y borré sin querer algunos de sus registros sonoros. A mi padre apenas lo conocí porque murió asesinado en la puerta de la casa por allá a finales de los años 70.

J.B.: Estudiaste cine en Cuba. Has ganado un premio Goya (junto a dos colegas) a mejor sonido en la película Segundo premio. ¿Cuál es la misión concreta de un sonidista en un filme?

A.C.: Bueno, el premio de sonido se comparte entre la persona que hace la grabación del sonido directo en el momento del rodaje, el editor de los sonidos y el que los mezcla. Creo que es un premio en el que también debería constar la participación de los editores de diálogos, editores de efectos, los artistas de foleys.

Tu pregunta es interesante porque efectivamente creemos que hoy día defender el sonido es una gran misión. Se escribe el sonido, se filma y mezcla en definitiva para que lo audible pueda movilizar la conciencia y el corazón del ser humano, ésa es la verdadera materia que intentamos hacer resonar. Nuestra misión no persigue sonorizar imágenes tanto como ideas, sensaciones, climas.  

La escritura del sonido es fundamental para poder filmarlo, es decir, dar tiempo y espacio a la vida audible creadora de un sentido o sensación específica, un sonido fiel al tono, al aura, al tema indecible de la película por encima de todo. Evitar la sordera sincrónica de las películas, algo que ocurre con frecuencia cuando el sonido sirve únicamente a la comprensión de los diálogos. Por aquí en casa le llamamos “películas subtítulo”, cuando el sonido solo se utiliza como certificado de presencia de la imagen, como elemento accesorio o decorativo, o para que te enteres de lo que ocurre literalmente a través de la escucha de la palabra. 

Está claro que eso nos aburre y por eso intentamos liarla cada vez más. 

Barranquilla – Cuba – Barcelona, el periplo creativo de Alejandro Castillo lo ha llevado a ganar tres premios Goya como sonidista en el país ibérico. Foto: Archivo particular.

El argumento de la película se basa en la historia de una banda de música independiente. ¿Qué tan complejo es tratar el asunto del sonido cuando la música es otro “personaje”?    

En este caso maravilloso es una banda española… Los Planetas, convencida de su sonido, de tocar siempre de verdad y esa inquietud constante de cómo deben transmitir su fuerza primitiva sin ninguna concesión a las leyes estéticas del mercado. Esa postura nace con ellos y es difícil de respetar en estos días. Su música es un personaje salvaje, que no se deja adiestrar, nada moldeable.

¿Qué películas te sedujeron o están en tu memoria por su sonido o sus efectos sonoros? 

“M”, El vampiro de Düsseldorf, de Fritz Lang, es la primera película completamente sonora, el buque insignia de cómo el sonido y la imagen pueden fabricar una substancia explosiva, una aleación que explota en la conciencia del espectador a través de una película. Ir danzando en la construcción y explosión de un relato audiovisual.

 ¿Cómo ves el cine colombiano en su construcción sonora? 

Tiene el problema, deber y la gran virtud de estar experimentando hasta lo más profundo las ansias desesperadas de que la oralidad no muera, la poesía y el deseo visceral de escuchar un mundo. Y creo que ha generado espacios para que puedas conocer cómo late la selva, cómo se comunican unos niños de la calle inhalando pegamento, los vecinos de un edificio o la soledad desde un faro.

¿Para un sonidista cuáles son los obstáculos más difíciles de enfrentar en el momento de filmar? 

Lo que decía anteriormente, si no se plasma el sonido desde el guión, es muy difícil, un maldito obstáculo, luego filmarlo. Rápidamente escogerías quedarte solo con lo sincrónico y serías sodomizado por la imagen como la “película subtítulo”, esa que te decía antes. Sería una película sincrónica, cosa contraproducente para imaginar sensaciones audiovisuales. El sonidista en rodaje se enfrenta a la lucha diaria por defender lo invisible en una sociedad afectada por el miedo a perder. El goce y la apreciación de lo sutil desaparece cuando se está gobernado por el miedo. 

No es la oreja de Van Gogh, para el oído costeño de Alejandro Castillo el sonido es una entidad fundamental del séptimo arte. Foto: Archivo particular.

El sonidista en rodaje se enfrenta a la lucha diaria por defender lo invisible en una sociedad afectada por el miedo a perder. El goce y la apreciación de lo sutil desaparece cuando se está gobernado por el miedo.

Charly García, quien según cuenta la leyenda posee oído absoluto, una vez declaró que Buenos Aires era una ciudad afinada en determinada nota musical. Tú eres barranquillero, ¿a qué te suena este lugar?

Grande, Charlie. Los músicos ven el universo a partir de notas musicales, es normal. Trabajan con ello todo el tiempo. En cuanto los/las que trabajamos con el sonido, pensamos todo el rato en frecuencias, vibración y prestamos atención a lo que afecta con su resonancia dentro del cuerpo, en las vísceras. En el caso de Barranquilla hay una ondulación profunda, grave, lenta muy parecida al latido de la tierra que decía Schumann (7.83hz) que retumba en el estómago cual batalla campal entre 10 picós en la misma verbena, por allá nuevamente en los años 70, demostrando la nueva joya musical adquirida a la competencia.    

En cuanto a tu carrera, ¿deseas ir más allá de tu talento como sonidista?, ¿hacer quizás una película en un futuro?  

Yo creo que sí, incluso fantaseo con la idea que mi película soñada será muda. Siento que el cine silente de hace cien años era más sonoro y expresivo auditivamente que el de ahora con tantos altavoces que te rodean.

¿Qué sonidos amas y cuáles detestas?                            

Un sonido del que desconozcas la procedencia me inquieta tanto que me llama la atención. Pitágoras se inventó la experiencia acusmática para que sus condiscípulos no se embelesaran viendo su cuerpo y transmitía su conocimiento detrás de una cortina y así no lo veías, pero sí lo escuchabas. Por esa idea recorrimos la escuela acusmática. Pero me atrae también cuando el sonido nace nuevo de la yuxtaposición de dos o tres… sonidos. Algo nuevo jamás escuchado es como estar en dos mundos a la vez.

Hagamos un ejercicio. Por un minuto, permanece inmóvil en el lugar donde te encuentras y cuéntanos lo que oyes.     

Buenísimo, así comienzan las clases de escucha activa. Es maravilloso poder describir los sonidos y todo lo que nos puede producir en el cuerpo, en la mente, en el corazón. Ahora mismo hay una lavadora en casa retumbando las paredes que me hace pensar que podríamos vivir con un par de camisas y hacer el ejercicio de lavarlas a mano, tener contacto con esa tela e indagar quién la hizo, de dónde viene. La conciencia del sonido como la tienen los animales.

John Better

Poeta y escritor barranquillero autor, entre otros, de los libros China White (2006), Locas de Felicidad (2009) y las novelas A la caz(s)a del Chico Espantapájaros (2016) y Limbo (2020).

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